3 segundos me demoré mientras me besaba en darme cuenta que él me cambiaría la vida. 3 segundos. 3 segundos que me dejaron en shock, porque ví venir con un flashback todo lo feliz que él me haría. Y ser así de feliz a veces aterra. Es cierto, él estuvo ahí un mes y medio antes y yo no lo quise ver. Porque en ese afán de controlar en mi vida todo lo incontrolable cuando él me dijo que yo era de su gusto el primer día que nos conocimos, yo recordé mis palabras en Chile de "no me voy a enamorar allá" y le pedí en un arranque que me dejara en un taxi. Y arranqué.
10 minutos después él me enviaba mensajes de textos, quería saber si yo había llegado bien y desearme buenas noches. Y yo debo haber pasado al menos 10 minutos más mirando sus mensajes y pensando "arranca ahora o será demasiado tarde". Pero es que ahí temía. Temía de mí, de lo que él provocaría y por supuesto, lo que despertaría. A ésas alturas una parte de mi estaba herida y necesitaba reconstruirse.
5 minutos después de terminar ese primer beso escuché con sus manos en mi cara lo que había esperado ese momento, y que no se arrepentía, aunque el escenario de ese beso fuera mi despedida del país que me acogió por 6 meses. Y los dos nos repetíamos "te imaginas esto hubiera pasado hace un mes y medio atrás cuando nos conocimos?".
24 horas después de esa noche y de habernos despedido en el lobby del hotel dónde vivía, él me recogía a mí y mis cosas para llevarnos a la casa de mi amiga, dónde yo esperaría para irme de viaje mis últimos 15 días y luego regresar a Chile. Decidí torcerle la mano a ese destino y aceptar su oferta y hacer de esa noche nuestra primera noche juntos. Dónde él respetó mis tiempos, no apresuró nada aún cuando el tiempo no jugaba a nuestro favor.
10 días después de esa noche estuvimos lejos el uno del otro. Dónde las llamadas y los mensajes se hacía eternos, dónde nos contábamos todo, nos extrañábamos y anhelábamos el momento de abrazarnos otra vez. Algunos nos escuchaban incrédulos, otros de plano nos consideraban locos. Él y yo sabíamos que del primer beso ya le habíamos entregado el corazón al otro.
Y después llego el "te amo".
Y el tiempo nos parecía algo tan ridículo. Compartiendo sólo las noches juntos, durmiendo sólo lo suficiente para mantenerse despierto al otro día, extasiados de amor y cariño como si tuviéramos la vida por delante. Hasta que yo decido torcerle la mano al destino otra vez.
21 días de compartirlo todo tuvimos. 21 días que parece que felicidad no alcanzaba a describir lo que teníamos. No importaba si teníamos testigos, estábamos solos, había lluvia, tormentas, calor. Sólo importaba él y yo. Casi como si hubiéramos nacido para vivir ese momento.
28 fue el día que nos separamos.
4 meses sin besarnos y abrazarnos.
Tiempo se llamaba nuestro verdugo. Distancia nuestra carcelera.
Película le llaman a nuestra historia, Locura a la protagonista.
Y yo sólo sé que ya no me importa ni el tiempo, ni la distancia, ni las locuras, ni las maldiciones anteriores, ni las lágrimas derramadas por extrañarte, ni los clichés de los que nos culpa la gente, ni los ridículos que nos veamos, porque...
4 son los días que faltan para olvidarme de todo eso de nuevo, que del resto se preocupará la vida.